BIBLIOTECA CEIP ALFAGUARILLA ALFACAR

domingo, 28 de febrero de 2016

EN PORTLAND OREGON EEUU CON LA MOSCA FOSCA

http://fuentedelaslgrimas.blogspot.com.es/2016/02/la-mosca-fosca-en-portland-ee-uu-con.html

LA CARTA DEL INDIO POR HÉROES DEL SILENCIO

https://www.youtube.com/watch?v=Qnb_KkEpox0


PRESENTE EN MUCHOS LIBROS ESCOLARES EN FRAGMENTOS Y COMPLETA  EN LOS CUADERNOS QUE HICIMOS PARA LA CALESA
http://www.lacalesa.es/collections/lectura-actividades-y-ejercicios-de-comprension-y-fluidez-lectora

MUY INTERESANTE PERO TAMBIÉN UNA ADAPTACIÓN DE LA REAL.
http://www.kayakdemar.org/index.php?topic=8543.0

https://es.wikipedia.org/wiki/Jefe_Seattle

LA CARTA DEL INDIO POR HÉROES DEL SILENCIO

https://www.youtube.com/watch?v=Qnb_KkEpox0


PRESENTE EN MUCHOS LIBROS ESCOLARES EN FRAGMENTOS Y COMPLETA  EN LOS CUADERNOS QUE HICIMOS PARA LA CALESA
http://www.lacalesa.es/collections/lectura-actividades-y-ejercicios-de-comprension-y-fluidez-lectora

MUY INTERESANTE PERO TAMBIÉN UNA ADAPTACIÓN DE LA REAL.
http://www.kayakdemar.org/index.php?topic=8543.0

https://es.wikipedia.org/wiki/Jefe_Seattle


 http://www.kayakdemar.org/index.php?topic=8543.0
El  siguiente  documento  es  uno  de  los  más  preciados  por  los  ecologistas,  se  trata  de  la  carta  que  envió  en  1855  el  jefe  indio  Seattle  de  la  tribu  Suwamish  al presidente de los Estados Unidos Franklin Pierce en respuesta a la oferta de compra  de las tierras de los Suwamish en el noroeste de los Estados Unidos, lo que ahora es el Estado de Washington. Los indios americanos estaban muy unidos a su tierra no  conociendo la propiedad, es más consideraban la tierra dueña de los hombres. En numerosos ámbitos ecologistas se le considera como "la declaración más hermosa y  profunda que jamás se haya hecho sobre el medio ambiente".
Así Termina la Vida y Comienza la supervivencia
Carta del Jefe Indio Seattle

El Gran Jefe de Washington manda decir que desea comprar nuestras tierras.  El  Gran  Jefe  también  nos  envía  palabras  de  amistad  y  buena voluntad. Apreciamos esta gentileza porque sabemos que poca falta le hace, en  cambio,  nuestra  amistad.  Vamos  a  considerar  su  oferta,  pues  sabemos que, de no hacerlo, el hombre blanco podrá venir con sus armas de fuego y
tomarse nuestras tierras. El Gran Jefe de Washington podrá confiar en lo que dice  el  Jefe  Seattle  con  la  misma  certeza  con  que  nuestros  hermanos blancos  podrán  confiar  en  la  vuelta  de  las  estaciones.  Mis  palabras  son inmutables como las estrellas.

¿Cómo  podéis  comprar  o  vender  el cielo,  el  calor  de  la  tierra?  Esta  idea nos parece extraña. No somos dueños de  la  frescura  del  aire  ni  del  centelleo del agua. ¿Cómo podríais comprarlos a nosotros?  Lo  decimos  oportunamente. Habéis de saber que cada partícula de esta  tierra  es  sagrada  para  mi  pueblo. Cada hoja  resplandeciente, cada playa  arenosa, cada neblina en el oscuro
bosque,  cada  claro  y  cada  insecto  con  su  zumbido  son  sagrados  en  la memoria y la experiencia de mi pueblo. La savia que circula en los árboles porta las memorias del hombre de piel roja.
Los muertos del hombre blanco se olvidan de su tierra natal cuando se van a caminar por entre las estrellas. Nuestros muertos jamás olvidan esta hermosa tierra porque ella es la madre del hombre de piel roja. Somos parte de la tierra y ella es parte de nosotros.

Las fragantes  flores son  nuestras hermanas;  el venado, el caballo,  el águila  majestuosa  son  nuestros  hermanos.  Las  praderas,  el  calor  corporal del  potrillo  y  el  hombre,  todos  pertenecen  a  la  misma  familia.  "Por  eso, cuando  el  Gran  Jefe  de  Washington  manda  decir  que  desea  comprar nuestras tierras, es mucho lo que pide. El  Gran Jefe manda decir que nos reservará un lugar para que podamos vivir cómodamente entre nosotros. El será nuestro padre y nosotros seremos sus hijos. Por eso consideraremos su oferta de comprar nuestras tierras. Más, ello no será fácil porque estas tierras son  sagradas  para  nosotros.  El  agua  centelleante  que  corre  por  los  ríos  y esteros no es meramente agua sino la sangre de nuestros antepasados. Si
os  vendemos  estas  tierras,  tendréis  que  recordar  que ellas son sagradas y deberéis enseñar a vuestros hijos que  lo  son  y  que  cada  reflejo  fantasmal  en  las  aguas claras recuerdos  de  la  vida  de  mi  pueblo.  El  murmullo  del agua es la voz del padre de mi padre.
Los  ríos  son  nuestros  hermanos,  ellos  calman nuestra sed. Los ríos llevan nuestras canoas y alimentan  a  nuestros  hijos.  Si  os  vendemos  nuestras tierras,  deberéis  recordar  y  enseñar  a  vuestros  hijos que  los  ríos  son  nuestros  hermanos  y  hermanos  de vosotros;  deberéis  en  adelante  dar  a  los  ríos  el  trato bondadoso que daréis a cualquier hermano.
Sabemos que el hombre blanco no comprende nuestra manera de ser. Le da lo mismo un pedazo de tierra que el otro porque él es un extraño que llega en la noche a sacar de la tierra lo que necesita. La tierra no es su hermano sino su enemigo. Cuando la ha conquistado la abandona y sigue su camino. Deja detrás de él las sepulturas de sus padres sin que le importe. Despoja de la tierra  a  sus  hijos  sin  que  le  importe.  Olvida  la  sepultura  de  su  padre  y  los derechos de sus hijos. Trata a su madre, la tierra, y a su hermano el cielo, como  si  fuesen  cosas  que  se  pueden  comprar,  saquear  y  vender,  como  si fuesen corderos y cuentas de vidrio. Su insaciable apetito devorará la tierra y dejará tras sí sólo un desierto.

No lo comprendo. Nuestra manera de ser es diferente a la vuestra. La vista de vuestras ciudades hace doler los ojos al hombre de piel roja. Pero quizá sea así porque el hombre de piel roja es un salvaje y no comprende las cosas.  No  hay  ningún  lugar  tranquilo  en  las  ciudades  del  hombre  blanco, ningún  lugar  donde  pueda  escucharse  el  desplegarse  de  las  hojas  en primavera o el orzar de las alas de un insecto. Pero quizá sea así porque soy un salvaje y no puedo comprender las cosas.
El ruido de la ciudad parece insultar los oídos. ¿Y qué clase de vida es cuando el hombre no es capaz de escuchar el solitario grito de la garza o la discusión nocturna de las ranas alrededor de la laguna? Soy un hombre de piel roja y no lo comprendo. Los indios preferimos el suave sonido del viento que acaricia la cala del lago y el olor del mismo viento purificado por la lluvia del mediodía o  perfumado por la fragancia de los pinos.
El  aire  es  algo  precioso  para  el  hombre de  piel  roja  porque  todas  las  cosas comparten el mismo aliento: el animal, el árbol  y  el  hombre.  El  hombre  blanco parece  no  sentir  el  aire  que  respira.  Al igual que un hombre muchos días agonizante,  se  ha  vuelto  insensible  al hedor.  Mas,  si  os  vendemos  nuestras tierras,  debéis  recordar  que  el  aire  es precioso para nosotros, que el aire  comparte  su  espíritu  con  toda  la  vida  que  sustenta.  Y,  si  os  vendemos nuestras  tierras,  debéis  dejarlas  aparte  y mantenerlas  sagradas  como  un lugar  al  cual  podrá  llegar  incluso  el  hombre  blanco  a  saborear  el  viento dulcificado por las flores de la pradera.
Consideraremos vuestra oferta de comprar nuestras tierras. Si
decidimos  aceptarla,  pondré  una  condición:  que  el  hombre blanco  deberá tratar a los animales de estas tierras como hermanos. Soy un salvaje y no comprendo  otro  modo  de  conducta.  He  visto  miles  de  búfalos  pudriéndose sobre las praderas, abandonados allí por el hombre blanco que les disparó desde un tren en marcha. Soy un salvaje y no comprendo como el humeante caballo  de  vapor  puede  ser  más  importante  que  el  búfalo  al  que  sólo matamos para poder vivir. ¿Qué es el hombre sin los animales? Si todos los animales hubiesen desaparecido, el hombre moriría de una gran soledad de espíritu. Porque todo lo que ocurre a los animales pronto habrá de ocurrir también al hombre.
Todas las cosas están relacionadas entre sí.
 Vosotros debéis enseñar a vuestros hijos que el suelo bajo sus pies es la ceniza de sus abuelos. Para que respeten la tierra, debéis decir a vuestros hijos  que  la  tierra  está  plena  de  vida  de  nuestros  antepasados.  Debéis enseñar a vuestros hijos lo que nosotros hemos enseñados a los nuestros: que la tierra es nuestra madre. Todo lo que afecta a la tierra afecta a los hijos de la tierra. Cuando los hombres escupen al suelo se escupen a sí mismos. Esto  lo  sabemos:  la  tierra  no  pertenece  al  hombre,  sino  que  el  hombre pertenece a la tierra. El hombre no ha tejido la red de la vida: es sólo una hebra de ella. Todo lo que haga a la red se lo hará a sí mismo. Lo que ocurre a la tierra ocurrirá a los hijos de la tierra. Lo sabemos. Todas las cosas están relacionadas como la sangre que une a una familia.
Aún el hombre blanco, cuyo Dios se pasea con él y  conversa  con  el  -de  amigo  a  amigo  no  puede estar  exento  del  destino  común-.  Quizá  seamos hermanos, después de todo. Lo veremos.
Sabemos  algo  que  el  hombre  blanco  descubrirá algún  día:  que  nuestro  Dios  es  su  mismo  Dios. Ahora pensáis quizá que sois dueño de nuestras tierras;  pero  no  podéis  serlo.  El  es  el  Dios  de  la humanidad  y  Su  compasión  es  igual  para  el hombre blanco. Esta tierra es preciosa para El y el causarle daño significa mostrar desprecio hacia su Creador.  Los  hombres  blancos  también  pasarán, tal vez antes que las demás tribus. Si contamináis vuestra  cama,  moriréis  alguna  noche  sofocados por  vuestros  propios  desperdicios.  Pero  aún  en vuestra  hora  final  os  sentiréis  iluminados  por  la idea  de  que  Dios  os  trajo  a  estas  tierras  y  os  dio  el  dominio  sobre  ellas  y sobre el hombre de piel roja con algún propósito especial. Tal destino es un misterio  para  nosotros  porque  no  comprendemos  lo  que  será  cuando  los búfalos  hayan  sido  exterminados,  cuando  los  caballos  salvajes  hayan  sido domados, cuando los recónditos rincones de los bosques exhalen el olor a muchos hombres y cuando la vista hacia las verdes colinas esté cerrada por un  enjambre  de  alambres  parlantes.  ¿Dónde  está  el  espeso  bosque? Desapareció.  ¿Dónde  está  el  águila?  Desapareció.  Así  termina  la  vida  y comienza la supervivencia.

martes, 23 de febrero de 2016

ALGO MUY SERIO

“La literatura para niños y jóvenes es algo muy serio”

Le han condecorado la Orden de Alfonso X El Sabio por la creación de las colecciones infantiles y juveniles de Alfaguara y de Siruela

domingo, 14 de febrero de 2016

Érase dos veces el barón Lamberto:

Érase dos veces el barón Lamberto:
Anciano, muy anciano es el barón Lamberto. Y rico, muy rico: ¡riquísimo! Y está enfermo. Padece exactamente veinticuatro enfermedades, y sólo Anselmo, el mayordomo, las sabe de memoria. Hasta aquí, todo es normal, o casi. Pero un buen día el barón contrata a seis personas para que reciten su nombre continuamente, día y noche, sin parar. ¿Por qué? Es un secreto de la antigua sabiduría del Egipto de los faraones. El caso es que, desde entonces, todo empieza a cambiar. ¡Y de qué manera!.