BIBLIOTECA CEIP ALFAGUARILLA ALFACAR

sábado, 2 de julio de 2016

¡Canta, zurrón, canta!

[Había una vez] una niña a la que su madre le había comprado unos zapatitos de charol, muy bonitos, muy brillantes. Y entonces por la mañana cogió y se puso los zapatitos, y su madre le dijo "oye, tienes que ir a buscar agua a la fuente, pero no vayas con esos zapatos que se te van a manchar", y dice "ay no no, mamá, yo tengo que ir con estos zapatitos negros de charol, no te preocupes que no me los mancharé". Bueno, la niña se puso sus zapatitos negros de charol y se fue a la fuente. Y cuando llegó a la fuente, para coger el agua, cogió los zapatos y se los dejó en una piedrecita que había allí. Entonces, cuando terminó de coger el agua se fue para su casa y se le olvidaron los zapatos. Cuando llegó a casa y se dio cuenta de que no llevaba zapatos se volvió a la fuente, pero resulta que había un viejo allí con un zurrón, [el viejo] había visto los zapatos y los había metido en el zurrón. Entonces cuando llegó la niña empezó a llorar y a llorar, y le dice "¿qué te pasa, niña?" y le dice "que he perdido mis zapatos negros de charol, que los había estrenado, me los ha comprado mi mamá". Dice "no te preocupes que yo seguro que sé dónde están", abre el zurrón y dice "¡mira, mira!, mira en el fondo de este zurrón". Y entonces, en ese momento en el que la niña se asomó, ¡raca!, la metió en el zurrón, la ató fuerte [y se dio cuenta que] con la niña dentro del zurrón, haciendo como que éste cantaba, podía sacar dinero. Y entonces se fue por las plazas de los pueblos y cuando llegaba a la plaza le decía a la niña "yo, cuando te diga, tú cantas". Y entonces llegaba a la plaza, cogía un palo y decía "¡canta, zurrón, canta!, que si no ¡te doy con la palanca!", y entonces la niña empezaba:
"en un zurrón voy metida,
en un zurrón moriré,
por culpa de unos zapatos
que en la fuente me dejé."
Cuando terminaba el espectáculo le daban mucho dinero, y luego se iba a otro pueblo y lo mismo: llegaba a la plaza, ponía el zurrón en medio de la plaza [y anunciaba a grandes voces] "¡el zurrón encantado, el zurrón encantado!", entonces cogía el palo y decía "¡canta, zurrón, canta!, que si no ¡te doy con la palanca!", y entonces empezaba la niña:
"en un zurrón voy metida,
en un zurrón moriré, 
por culpa de unos zapatos
que en la fuente me dejé."
Claro, la gente se pensaba que el saco estaba encantado y ¡venga dinero, venga dinero!, [el hombre fue con el zurrón] por muchos pueblos y ya había ganado muchísimo dinero y era muy rico [pero seguía yendo de un pueblo a otro] y se le olvidó y en uno de esos recorridos volvió al pueblo donde había encontrado y cogido a la niña. Entonces estaba en la plaza e hizo el mismo espectáculo "¡el zurrón encantado!, señoras y señores, ¡el zurrón encantado!", entonces cogía el palo y decía "¡canta, zurrón, canta!, que si no ¡te doy con la palanca!", y entonces empezaba la niña:
"en un zurrón voy metida,
en un zurrón moriré, 
por culpa de unos zapatos
que en la fuente me dejé."
Así una y otra y otra vez pero [como] estaba en el pueblo [de la niña] una señora que tenía una posada reconoció la voz de la niña y dijo "uy, yo juraría que esa es la voz de la niña que desapareció en la fuente... bueno, me voy a acercar al señor encantador del zurrón". Dice "¡oiga!, mire, como me ha gustado tanto el espectáculo le invito a que pase la noche en mi casa y a que cene usted y le daré vino y de todo". Total que el hombre, como estaba cansado se fue allí a comer y a dormir y la señora de la posada le dio vino y venga vino y venga vino... hasta que ya cogió una cogorza que claro, se fue a dormir y [se olvidó] del zurrón allí [en el comedor]. Entonces la señora aprovechó, desató el zurrón y, efectivamente, descubrió que era la niña. Cogió a la niña, le puso los zapatos, y la llevó a su casa. Y en el saco metió pues, de todo lo peor: bichos desagradables, serpientes, salamandras... con todos los bichos repugnantes llenó el saco.
A la mañana siguiente el señor se levantó con un dolor de cabeza, fatal, pero bueno, como era tan ambicioso se dijo: "yo tengo que coger el saco, e irme por los pueblos otra vez..." [así que cogió el zurrón, se marchó de aquel lugar y fue hasta otro pueblo]. Entonces cuando llegó a otro pueblo puso el zurrón en medio de la plaza y empezó "¡bueno, señoras y señores!, ¡el zurrón encantado!, ¡vengan y vean el zurrón encantado!", y entonces cogió el palo y empezó "¡canta, zurrón, canta!, que si no ¡te doy con la palanca!", y el zurrón que no cantaba. "¡Canta, zurrón, canta!, que si no ¡te doy con la palanca!" y nada, el zurrón que seguía sin cantar. Y ya por último "¡¡canta, zurrón, canta!!, que si no ¡¡te doy con la palanca!!" y ya no se conformó con decirlo sino que pegó al zurrón, el zurrón se rompió y empezaron a salir todas las fieras, le engancharon de la nariz, le mordieron en la boca, en las piernas... bueno, le dejaron hecho un cristo y se tuvo que marchar de esos pueblos, y la niña vivió feliz con su mamá. Y colorín colorado, este cuento, se ha acabado".
 

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