Patatita es un niño gitano que viaja con su familia y su perro, Caldero,
de feria en feria. Acaban de llegar a un nuevo pueblo en fiestas y
Patatita decide ir con Caldero a conocerlo. Hay muchos puestos de tiro
al blanco, tiovivos... Patatita se despista mirando el escaparate de una
pastelería y, de repente, se da cuenta de que Caldero ha desaparecido.
Se queda muy preocupado y triste, pero tiene que regresar con su familia
porque se tienen que preparar para su número. Su familia le dice que no
se preocupe, que ya volverá. Pero Patatita tiene miedo de que no
vuelva; no puede imaginarse su vida sin su mejor amigo. Así que sale en
medio de la noche a buscarlo. Tras mucho buscar, lo encuentra con unos
niños pastores que lo habían encontrado cerca del río. Cuando vuelve, su
familia está muy enfadada con él por haber desaparecido. Patatita está
triste por haberlos disgustado, pero no se arrepiente porque ha
recuperado a su mejor amigo.

Un día de marzo, la primera novela de Elvira Navarro llegó a manos de
Enrique Vila-Matas, y este le dio ese empujón que necesitan quienes
dudan de su oficio. En una de sus columnas semanales, dijo:
"La ciudad en invierno
tiene una estructura peculiar, como si Satie estuviera el piano [...]
da la impresión de estar dando vueltas detrás de un desvarío tan
implacable y subversivo como aterrador. De la mano de su pérfida
protagonista, Elvira Navarro lo altera todo y desplaza la normalidad
hacia una inédita boñiga general". La escritora y la estructura. También
hubo quien la acusó de
fragmentaria. Ella dice: "¿Qué más da? ¿A quién le importa? Lo interesante es romper con los parámetros".
Era 2007 y aquella novelista, nacida en Huelva y acostumbrada a la
huida perpetua, vivía becada en la Residencia de Estudiantes de Madrid,
no tanto por el romanticismo de quienes habitaron entre sus muros, sino
por una simple "cuestión de supervivencia": "Era una vida curiosa, casi
monacal. Me permitió dedicarme todos los días a escribir y leer". Entró
habiendo escrito un relato (con el que ganó el Certamen de Jóvenes
Creadores del Ayuntamiento de Madrid) y salió de allí con una novela
editada en Caballo de Troya y otra en estado avanzado de composición.
Esta última,
La ciudad feliz (Mondadori), la publicó en 2009 y con ella le concedieron el premio Jaén de Novela.
El gran salto lo dio poco después, sin quererlo ella, cuando fue incluida en un número especial de la revista literaria
Granta,
entre los 22 mejores narradores en lengua española menores de 35 años.
Eso ocurrió el año pasado. Entre tanto, se dedicó a trabajar en
editoriales, para seguir sobreviviendo y escribiendo; hizo correcciones
en papel, correcciones en pantalla, de lectora y de redactora de
contracubiertas. Luego se postuló como profesora de un taller de
escritura creativa en la librería Fuentetaja y últimamente imparte cinco
talleres semanales, e incluso se presta como tutora personal para
aquellos que buscan pulir sus escritos. Según cuenta, aprendió a leer la
última de la clase, pero se enamoró de las palabras con el libro
Patatita,
de El Barco de Vapor. E igual que en la vida, cuenta, con la novela que
teclea estos días abandona el universo adolescente que empapaba sus dos
primeras obras, y se adentra en "la soledad, el trabajo y la enfermedad
de los adultos". En 2012 publicará un relato en formato digital (en
www.sigueleyendo.es). En 2013, su tercera novela.
ELVIRA NAVARRO
http://elpais.com/diario/2011/12/18/eps/1324193216_850215.html