BIBLIOTECA CEIP ALFAGUARILLA ALFACAR
martes, 5 de julio de 2011
martes, 21 de junio de 2011
Músicas azules Blog de Vicente Verdú
La novela es un género de la literatura, hoy mostrenco; pero la poesía, sin género alguno, es la literatura. De ahí que si las novelas sean cada vez peores, elefantiásicas, falsas o periodísticas (salvo excepciones), los poemas sigan luciendo, sorprendiendo y volteando al mundo.
La poesía, sin embargo, es tan irreemplazable como las venas, la inteligencia o la sensualidad
Un programa de Radio Nacional, Estación azul, que ya ha cumplido diez años, se sintoniza ahora, a las cuatro de la tarde de los sábados, acogiendo ese efecto primordial. Javier Lostalé que aparece como colaborador, posee una voz tan especial, sabia y perenne que llama a la atención desde muy lejos. Ahora trabaja después del almuerzo y es quien, con otros colegas más, sirve esta pieza que nos llena de cielo y agua la sobremesa.
No pocas novedades de las tecnologías de la comunicación han chocado con Javier Lostalé y contra mí mismo pero curiosamente, este programa de la radiofonía, lleno de poetas jóvenes viene a ser un inesperado reencuentro con el pasado, el presente y el porvenir.
Por eso cabe decir que si la novela es un género dentro de la literatura, tal como el vals dentro de la música, la poesía es la música misma. Algunos de nosotros, gentes de mal oído y de escasa melomanía, somos muy capaces de vivir sin música/música pero la explicación radica en que la música, cuestión de vida o muerte, nos llega mediante la secuencia sonora que ofrece la poesía.
Prácticamente todos los jóvenes que acuden a la Estación azul son amantes o adictos de la música porque, en efecto, la música es hoy todo. Y, estando vivos, hasta la respiración, no ya el canturreo, se confunde con una u otra melodía.
Sin embargo, esta pasión resbala fácilmente hacia el son de la poesía. Puede que unos sean más aficionados a las notas que a las sílabas, que redacten con mayor facilidad una nota pero, efectivamente, de estos impulsos, breves y llameantes, se compone el arte y la comunicación de hoy. La comunicación poética que hilvana todos los tiempos.
Una chica, Luna Miguel, que nació en Alcalá de Henares hace apenas 21 años es la poeta a quien recuerdo mientras escribo. Ella fue la última o la penúltima a la que escuché recitar dos de sus poemas en una reciente emisión de la Estación azul y fue entonces cuando decidí apearme y dar las gracias.
No necesitan posiblemente más apoyo. El programa ha ganado un montón de premios y no requiere más inyecciones de salud; es la salud de los demás a la que me refiero. Si el libro se acaba, si el papel se desvanece, si la escritura se degrada ¿qué quedará del arte literario? Probablemente muy poco de aquel que tenga que ver con la narración porque ya, a estas alturas, muchos otros medios cuentan las cosas mejor, con más tino, verdad, velocidad y eficiencia.
La poesía, sin embargo, es tan irreemplazable como las venas, la inteligencia o la sensualidad. De este universo, Luna Miguel (hija de un profesor de literatura y de una modesta editora) compone unos versos que nunca se nos ocurrirían a las gentes de mi generación ni de la siguiente ni de la anterior pero que son el lenguaje que mejor entendemos.
Editoriales menuda como El cangrejo pistolero o Pliegos Chichimeca bortan entre los entresijos de la nueva cultura y al lado de revistas como El coloquio de los perros o La bella Varsovia. Podría decirse que estos tipos están chalados. Están chiflados los títulos y las cabeceras que escogen. Pero, ciertamente, al poner atención a lo que escriben, verso tras verso, sus delirios se saborean como golosinas de primera calidad. Músicas azules para nosotros los viejos y sordos de la música.
La novela es un género de la literatura, hoy mostrenco; pero la poesía, sin género alguno, es la literatura. De ahí que si las novelas sean cada vez peores, elefantiásicas, falsas o periodísticas (salvo excepciones), los poemas sigan luciendo, sorprendiendo y volteando al mundo.
http://www.elboomeran.com/blog/11/blog-de-vicente-verdu/
La poesía, sin embargo, es tan irreemplazable como las venas, la inteligencia o la sensualidad
Un programa de Radio Nacional, Estación azul, que ya ha cumplido diez años, se sintoniza ahora, a las cuatro de la tarde de los sábados, acogiendo ese efecto primordial. Javier Lostalé que aparece como colaborador, posee una voz tan especial, sabia y perenne que llama a la atención desde muy lejos. Ahora trabaja después del almuerzo y es quien, con otros colegas más, sirve esta pieza que nos llena de cielo y agua la sobremesa.
No pocas novedades de las tecnologías de la comunicación han chocado con Javier Lostalé y contra mí mismo pero curiosamente, este programa de la radiofonía, lleno de poetas jóvenes viene a ser un inesperado reencuentro con el pasado, el presente y el porvenir.
Por eso cabe decir que si la novela es un género dentro de la literatura, tal como el vals dentro de la música, la poesía es la música misma. Algunos de nosotros, gentes de mal oído y de escasa melomanía, somos muy capaces de vivir sin música/música pero la explicación radica en que la música, cuestión de vida o muerte, nos llega mediante la secuencia sonora que ofrece la poesía.
Prácticamente todos los jóvenes que acuden a la Estación azul son amantes o adictos de la música porque, en efecto, la música es hoy todo. Y, estando vivos, hasta la respiración, no ya el canturreo, se confunde con una u otra melodía.
Sin embargo, esta pasión resbala fácilmente hacia el son de la poesía. Puede que unos sean más aficionados a las notas que a las sílabas, que redacten con mayor facilidad una nota pero, efectivamente, de estos impulsos, breves y llameantes, se compone el arte y la comunicación de hoy. La comunicación poética que hilvana todos los tiempos.
Una chica, Luna Miguel, que nació en Alcalá de Henares hace apenas 21 años es la poeta a quien recuerdo mientras escribo. Ella fue la última o la penúltima a la que escuché recitar dos de sus poemas en una reciente emisión de la Estación azul y fue entonces cuando decidí apearme y dar las gracias.
No necesitan posiblemente más apoyo. El programa ha ganado un montón de premios y no requiere más inyecciones de salud; es la salud de los demás a la que me refiero. Si el libro se acaba, si el papel se desvanece, si la escritura se degrada ¿qué quedará del arte literario? Probablemente muy poco de aquel que tenga que ver con la narración porque ya, a estas alturas, muchos otros medios cuentan las cosas mejor, con más tino, verdad, velocidad y eficiencia.
La poesía, sin embargo, es tan irreemplazable como las venas, la inteligencia o la sensualidad. De este universo, Luna Miguel (hija de un profesor de literatura y de una modesta editora) compone unos versos que nunca se nos ocurrirían a las gentes de mi generación ni de la siguiente ni de la anterior pero que son el lenguaje que mejor entendemos.
Editoriales menuda como El cangrejo pistolero o Pliegos Chichimeca bortan entre los entresijos de la nueva cultura y al lado de revistas como El coloquio de los perros o La bella Varsovia. Podría decirse que estos tipos están chalados. Están chiflados los títulos y las cabeceras que escogen. Pero, ciertamente, al poner atención a lo que escriben, verso tras verso, sus delirios se saborean como golosinas de primera calidad. Músicas azules para nosotros los viejos y sordos de la música.
La novela es un género de la literatura, hoy mostrenco; pero la poesía, sin género alguno, es la literatura. De ahí que si las novelas sean cada vez peores, elefantiásicas, falsas o periodísticas (salvo excepciones), los poemas sigan luciendo, sorprendiendo y volteando al mundo.
http://www.elboomeran.com/blog/11/blog-de-vicente-verdu/
lunes, 13 de junio de 2011
La Sierra de Huétor en Granada contará a partir de julio con el mayor parque de aventuras de Andalucía
El ecoparque 'Aventura Amazonia' dispondrá de una oferta de 64 juegos y 15 tirolinas en seis circuitos de aventura
09.06.11 - 18:46 -
EUROPA PRESS | GRANADA
El Parque Natural de la Sierra de Huétor, concretamente el paraje de Puerto Lobo, en Víznar (Granada), contará a partir del 1 de julio con el parque de aventuras más grande de Andalucía y uno de los mayores de España, según ha informado la entidad responsable del proyecto, 'Aventura Amazonia', que cuenta con instalaciones similares en Cercedilla y Pelayos de la Presa, en Madrid, y en Villanía (Huesca).
El ecoparque 'Aventura Amazonia' contará en Granada con una oferta de 64 juegos, y 15 tirolinas en seis circuitos de aventura, una de ellas la mayor de Andalucía, con 200 metros de longitud y una velocidad de 60 kilómetros por hora.
Este tipo de instalaciones ofrece, según sus promotores, la posibilidad de escapar y disfrutar de una aventura al aire libre, a la medida de cada uno, actividades para todos en las que no se requiere ni una condición física ni una destreza especial, juegos que varían su dificultad presentados en diferentes niveles, y afrontar los propios desafíos de velocidad, agilidad y equilibrio en un entorno 100 por 100 seguro y en una primitiva y natural puesta en escena.
En España, en estos momentos ya hay más de 50 parques y se espere que la cifra llegue a 60 en 2011. En seis años de andadura los ecoparques de 'Aventura Amazonia', en Madrid y Huesca, han recibido ya a 300.000 aventureros. La previsión es que más de 15.000 intrépidos visiten el de Granada en su primer año.
09.06.11 - 18:46 -
EUROPA PRESS | GRANADA
El Parque Natural de la Sierra de Huétor, concretamente el paraje de Puerto Lobo, en Víznar (Granada), contará a partir del 1 de julio con el parque de aventuras más grande de Andalucía y uno de los mayores de España, según ha informado la entidad responsable del proyecto, 'Aventura Amazonia', que cuenta con instalaciones similares en Cercedilla y Pelayos de la Presa, en Madrid, y en Villanía (Huesca).
El ecoparque 'Aventura Amazonia' contará en Granada con una oferta de 64 juegos, y 15 tirolinas en seis circuitos de aventura, una de ellas la mayor de Andalucía, con 200 metros de longitud y una velocidad de 60 kilómetros por hora.
Este tipo de instalaciones ofrece, según sus promotores, la posibilidad de escapar y disfrutar de una aventura al aire libre, a la medida de cada uno, actividades para todos en las que no se requiere ni una condición física ni una destreza especial, juegos que varían su dificultad presentados en diferentes niveles, y afrontar los propios desafíos de velocidad, agilidad y equilibrio en un entorno 100 por 100 seguro y en una primitiva y natural puesta en escena.
En España, en estos momentos ya hay más de 50 parques y se espere que la cifra llegue a 60 en 2011. En seis años de andadura los ecoparques de 'Aventura Amazonia', en Madrid y Huesca, han recibido ya a 300.000 aventureros. La previsión es que más de 15.000 intrépidos visiten el de Granada en su primer año.
viernes, 6 de mayo de 2011
miércoles, 30 de marzo de 2011
Vida de un piojo llamado Matías
-Pobre criatura -dijo-, túmbate en medio de nosotros para que te demos calor.
Así lo hice, agradecido y consolado de ver que todavía quedaban corazones generosos en el mundo.
Me preguntaron quién era y de dónde venía. Yo, que vi que eran gente fiable, les conté la verdad. Al final uno de ellos tomó la palabra:
-Muchacho, tente por dichoso si conseguiste escapar del malvado rey de la caspa. Hay pocos piojos que puedan decir lo mismo.
-De todas formas -agregó otro-, piensa que todavía no estás a salvo por completo. Será mejor que te acuestes y descanses. Si la suerte no se nos tuerce, desembarcaremos en tierra fértil antes de que se haga de noche. Entonces todos los aquí presentes, incluyéndote a ti, podremos empezar una vida nueva.
Aquel pronóstico optimista tardó en cumplirse. La noche fría y negra cayó sobre nosotros. Apenas conseguí dormir. La cabeza me ardía de fiebre. Las patas y el abdomen, en cambio, los tenía helados.
Al amanecer, cuando los demás se despertaron, la debilidad no me permitió despegarme del suelo. Sin fuerzas para ponerme de pie, les oí darse los buenos días.
-Este joven está mal -dijo alguien señalándome.
-Esta` muy mal -le contestaron-. ¡Si pudiéramos ayudarle de algún modo! Como no coma pronto dudo que siga vivo por la tarde.
Aquellas palabras me entristecieron profundamente. Todavía resonaban en mi cabeza cuando de pronto sucedió lo que todos esperaban y yo tanto necesitaba. Se abrió la puerta del perchero. Lo notamos por el raudal de luz que nos deslumbró. Segundos después el gorro de lana ascendió por los aires a gran velocidad y aterrizó enseguida sobre la cabeza del niño que vivía en aquella casa.
Un piojo corpulento de los del grupo me tomó a sus espaldas. Con mucho cuidado de no caerse, me bajó a tierra, donde ciego de hambre clavé el estilete de mi boca. Comí, y no exagero, lo menos por seis. Cuando los demás, completamente saciados, se habían tumbado a hacer la digestión, yo seguía chupa que chupa el rico y dulce jugo que guardaba en sus entrañas aquel suelo feraz.
En breve tiempo recobré la salud y las fuerzas. Decidí quedarme a vivir cerca de los piojos que tan cariñosamente se habían portado conmigo. Residíamos en la coronilla del niño, donde había muy buenos manantiales. A veces yo me acercaba a los pelos del flequillo. Subido a alguno de ellos, me pasaba el rato mirando la televisión.
Transcurrieron varios días. Reinaba la tranquilidad en la zona. Hubo, eso sí, dos tormentas fortísimas, con inundaciones y huracán caliente; pero el grupo se las supo apañar, agarrándose cada cual al pelo más cercano.
Los vecinos se llevaban bien. A la caída de la tarde, después de la cena, solíamos, reunirnos a conversar. A esas citas agradables acudía una pioja de mi edad. Era una joven guapa, delgada y algo tímida por la que ya me había sentido yo atraído la primera vez que la vi en el gorro de lana.
En una palabra, me gustaba, me hacía tilín, me enamoré de ella y se lo dije. Ella se puso colorada, pues era de suyo vergonzosilla; pero al fin me aceptó a su lado y juntos solíamos ir de paseo hasta el flequillo del niño en que vivimos. Allí nos poníamos cómodos y pasábamos las tardes entretenidos con las imágenes de algún videojuego o viendo las películas de la programación infantil. -¿Otra vez anuncios? ¡Qué aburrido! -decía yo. -Algunos no me parecen mal -respondía ella-. Por lo menos tienen gracia.
-A mí no me hace ninguna gracia que me corten cada dos por tres la película. Además, ¿ qué nos importan todos esos productos que no podemos comprar?
Fernando Aramburu
Vida de un piojo llamado Matías
TUSQUETS EDITORES
Así lo hice, agradecido y consolado de ver que todavía quedaban corazones generosos en el mundo.
Me preguntaron quién era y de dónde venía. Yo, que vi que eran gente fiable, les conté la verdad. Al final uno de ellos tomó la palabra:
-Muchacho, tente por dichoso si conseguiste escapar del malvado rey de la caspa. Hay pocos piojos que puedan decir lo mismo.
-De todas formas -agregó otro-, piensa que todavía no estás a salvo por completo. Será mejor que te acuestes y descanses. Si la suerte no se nos tuerce, desembarcaremos en tierra fértil antes de que se haga de noche. Entonces todos los aquí presentes, incluyéndote a ti, podremos empezar una vida nueva.
Aquel pronóstico optimista tardó en cumplirse. La noche fría y negra cayó sobre nosotros. Apenas conseguí dormir. La cabeza me ardía de fiebre. Las patas y el abdomen, en cambio, los tenía helados.
Al amanecer, cuando los demás se despertaron, la debilidad no me permitió despegarme del suelo. Sin fuerzas para ponerme de pie, les oí darse los buenos días.
-Este joven está mal -dijo alguien señalándome.
-Esta` muy mal -le contestaron-. ¡Si pudiéramos ayudarle de algún modo! Como no coma pronto dudo que siga vivo por la tarde.
Aquellas palabras me entristecieron profundamente. Todavía resonaban en mi cabeza cuando de pronto sucedió lo que todos esperaban y yo tanto necesitaba. Se abrió la puerta del perchero. Lo notamos por el raudal de luz que nos deslumbró. Segundos después el gorro de lana ascendió por los aires a gran velocidad y aterrizó enseguida sobre la cabeza del niño que vivía en aquella casa.
Un piojo corpulento de los del grupo me tomó a sus espaldas. Con mucho cuidado de no caerse, me bajó a tierra, donde ciego de hambre clavé el estilete de mi boca. Comí, y no exagero, lo menos por seis. Cuando los demás, completamente saciados, se habían tumbado a hacer la digestión, yo seguía chupa que chupa el rico y dulce jugo que guardaba en sus entrañas aquel suelo feraz.
En breve tiempo recobré la salud y las fuerzas. Decidí quedarme a vivir cerca de los piojos que tan cariñosamente se habían portado conmigo. Residíamos en la coronilla del niño, donde había muy buenos manantiales. A veces yo me acercaba a los pelos del flequillo. Subido a alguno de ellos, me pasaba el rato mirando la televisión.
Transcurrieron varios días. Reinaba la tranquilidad en la zona. Hubo, eso sí, dos tormentas fortísimas, con inundaciones y huracán caliente; pero el grupo se las supo apañar, agarrándose cada cual al pelo más cercano.
Los vecinos se llevaban bien. A la caída de la tarde, después de la cena, solíamos, reunirnos a conversar. A esas citas agradables acudía una pioja de mi edad. Era una joven guapa, delgada y algo tímida por la que ya me había sentido yo atraído la primera vez que la vi en el gorro de lana.
En una palabra, me gustaba, me hacía tilín, me enamoré de ella y se lo dije. Ella se puso colorada, pues era de suyo vergonzosilla; pero al fin me aceptó a su lado y juntos solíamos ir de paseo hasta el flequillo del niño en que vivimos. Allí nos poníamos cómodos y pasábamos las tardes entretenidos con las imágenes de algún videojuego o viendo las películas de la programación infantil. -¿Otra vez anuncios? ¡Qué aburrido! -decía yo. -Algunos no me parecen mal -respondía ella-. Por lo menos tienen gracia.
-A mí no me hace ninguna gracia que me corten cada dos por tres la película. Además, ¿ qué nos importan todos esos productos que no podemos comprar?
Fernando Aramburu
Vida de un piojo llamado Matías
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